Aquí os dejamos una historia anónima hecha realidad, de algunos clientes que pasan por nuestros trasteros.

Una hija con una madre muy mayor.

“Que triste es hacerse mayor”. Esa fue la frase que más repitió mi madre cuando supo que ya era imposible seguir viviendo sola y que para facilitarnos la vida a todos, sería mejor que se fuera a vivir con cualquiera de sus hijos.

Siendo yo su hija mayor, era fácil adivinar que la elegida sería yo, a pesar de ser de entre todos mis hermanos la que contaba con menos espacio en casa.

– “Y donde voy a meter mis muebles, la cómoda de la abuela Rufina, y el cabecero de roble que me regaló tu padre??”

– “No te preocupes mama, ya lo tengo solucionado. He alquilado un trastero, donde podremos guardar todas tus cosas”.

– “Y me darás las llaves de ese trastero para ir a limpiar mis muebles cuando yo quiera?”

– “Sí mama, será un sitio solo para ti, podrás guardar todo lo que quieras y también ir a ver tus cosas cada vez que quieras”.

Así de fácil fue hacer feliz a mi madre.Ahora ella está conmigo. Y sus recuerdos en su trastero.

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